sábado, 24 de octubre de 2009

El origen del dolor emocional - La conciencia de Objeto

Desde un punto de vista, se podría decir que existen dos formas básicas de relacionarnos con el mundo: como sujetos o como objeto. En el primer caso podemos pensar que somos escritores y actores de nuestra vida; en el segundo también somos los escritores, pero sin conciencia de tal rol. Como dice una famosa frase, "la vida es eso que nos sucede, mientras estamos ocupados en otra cosa". ¿Pero que significa realmente relacionarnos con el mundo desde un lugar de "objeto"?
La conciencia de objeto
En este caso, el individuo es dirigido desde afuera; se rige por lo que sucede en lo exterior y esto lo lleva a alejarse de sí mismo, muchas veces sin saberlo. Es una clase de enajenamiento, que una vez advertido, propone una búsqueda del verdadero Yo. Pero para llegar a él, al Ser (uso la palabra Ser en un sentido de verdad personal que el individuo va revelándose a sí mismo) se interpone una poderosa barrera, un universo de objetos, conceptos, haceres, normas. Éstas representan al individuo, pero muy lejos están de revelar su Ser. El individuo, la persona queda relegada a la sombra de los objetos, sin posibilidad de manifestar su valor singular y extraordinario. Hay una forma tan fuerte de identificación con el objeto que el individuo "desaparece". Existen distintas clases de objetos con los que nos olvidamos de nosotros mismos. A modo de generalización se pueden señalar los siguientes:

*Objetos de imagen en el mundo: aquí consideremos los que construyen básicamente la imagen estética.

*Los haceres: identificación con lo que hacemos, actividades como forma de suplantación del Ser; el trabajo tal vez sea el más representativo si se convierte el eje central de una vida; en otros casos la compulsión a actividades sociales cuando no dejan espacio para el silencio interno.

*Normas interiorizadas como incuestionables: anclaje que sostiene el mundo como un lugar de conductas predecibles. Todos tenemos una idea de lo que es correcto y lo incorrecto, de lo que es el amor y su manifestación para reconocerlo como tal, de lo que merece perdón y lo que no. Y por supuesto, del bien y del mal.

*Objetos motivadores: son aquellas ideas que nos mantienen alejados del presente. El catolicismo quizá sea un buen ejemplo de esto cuando promovió la idea del paraíso. Las más nobles aspiraciones espirituales corren riesgo de naufragar cuando la espiritualidad se convierte en objeto. En el mismo sentido pero en la otra orilla encontramos al dinero, la reputación, objetos suntuosos, etc.

*Objetos de ilusión de poder: aquellos que funcionan como medio de control sobre los otros, el medio ambiente, y también sobre uno mismo. Tecnologías e información que devienen en formas de manipulación.


La proyección de la identidad en los objetos coloca al sujeto en una posición de esclavitud. Al adquirir el objeto una influencia desmesurada para el individuo, éste permanece esclavizado en una prisión que ha creado. Aún así la peor noticia en este sentido, es que amamos esa clase de esclavitud, pues hemos dado por sentado que sin ella no somo nada: qué soy si pierdo mi trabajo? Cómo me acepto si se me empiezan a notar las arrugas, las canas, si se me cae el pelo? Y si se me caen las tetas!? Y si fallo y no logro lo que me propuse? Y si aquello en lo que creo está equivocado? Si la gente no actúa como yo pretendo? Entonces..?

Como queda claro, la sobrevaloración de los objetos, nos pone de rodillas, nos arroja a una clase de angustia existencial y terminamos siendo un objeto más de las circunstancias que hemos creado. Así, ante la imaginaria o real pérdida del objeto o su modificación, se produce una reacción emocional que consideramos propia, pues nuestra identidad estaba en el objeto. Pero, como va quedando claro no es propia, se vive como propia, pero no lo es.
El dolor emocional es el precio que se paga por haberse alejado de la propia verdad, o al menos, del camino que nos lleva a manifestar esa verdad singular y únicamente nuestra, pues la vida no alienta la repetición. La emoción se dipara sin percatarnos de que no pertenece a nuestra verdad. Creemos que se manifiesta como prueba genuina de que somos ese dolor. Sin embargo, podríamos considerar que la emoción nos trae otra clase de mensaje: el de que el dolor nos recuerda que podemos elegir despertar a la conciencia de nuestro verdadero Ser. Esto es en principio, dejar de vivir en la conciencia de objeto.

Vale aclarar, que no importa la naturaleza del objeto, estos no son algo que debamos plantear como raíz de nuestros dolores; lo que los hace dañinos, es este tipo de relación que tenemos con ellos; el dinero, la fama, o los objetos, -cualquiera de ellos y los que querramos pensar- no pueden ser considerados en sí mismo como razón de nuestras desventuras existenciales; lo serán en todo caso, si adquieren una sobrevaloración, es decir, si le damos el poder de reemplazar al Ser.

Posiblemente haya mucho más que decir al respecto, pero evitaré extenderme. Entre los millones y millones de visitantes de este blog, la mayoría aprecia la brevedad, así pues en otro momento si la ocasión es propicia, ampliaremos el tema.

Finalmente y a modo de cierre, y aunque obvio, digamos que la relación con el mundo es un mandato ineludible, en tanto vivamos. Y esta relación, desde un punto de vista desemboca en una elección entre dos caminos: el de elegir aventurarse a territorios desconocidos o el de quedarse en lo conocido y previsible. El primero es descubrir y descubrirnos a nosotros mismos; crearnos desde el entusiasmo que propone afrontar lo nuevo; es caminar por el misterio que me figuro es ir hacia el encuentro con el verdadero Ser. El segundo camino, tan válido como la primero, es acerca de reducir la vida a una colección: un inventario de objetos que no sólo revelan un orden pobre e ilusorio, sino en el que nos convertimos en un elemento más de un vulgar catálogo al que se pretende reducir la vida. Es permanecer en lo conocido porque se entiende será siempre lo mejor, aún cuando eso signifique una forma de esclavitud.
Finalmente, es una elección entre el amor a la vida y el miedo a ella.
fuente: http://elcaminodelretorno.blogspot.com

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